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Sexualidad Femenina – Entendiendo los mitos

Pura pasión

Una de las especies que disfrutan del sexo con la más amplia libertad de conducta son los bonobos, unos primates que apenas se distinguen de los chimpancés a simple vista. De hecho, también son conocidos como chimpancés pigmeos.

Pero si, al igual que muchos amigos y cuidadores de los monos, se te ocurriera imitar a Tarzán o a Jane, y le dieras un besito en los morros a uno de ellos, es posible que te encontraras con su lengua en el fondo de tu garganta. Ser pasional es lo que tiene. 

Les encanta el sexo en todas sus variantes, y el 75 % de sus relaciones no tienen la reproducción como objetivo. Aunque los estudiosos no necesitan la prueba del beso para saber que son bono bos. Además de algunas características físicas distintas del chimpancé, su tempe ramento es más calmado y sereno, y son menos tornadizos emocionalmente. Entre ellos hay sexo a todas horas, y quien disfrute de una sexualidad satisfactoria ya ha probado cuán relajante resulta y la sensación de bienestar que aporta.

Liberar tensiones y ansiedades

Además de calmar sus ansiedades, a través de sus relaciones sexuales los bonobos liberan las tensiones que puedan estallar entre ellos, se recompensan unos a otros por el buen comportamiento social y se sienten más unidos los unos a los otros. Cuando surge un motivo de disputa, en lugar de pelearse, practican sexo, demostrando así que la agresión y la ferocidad no tienen por qué ser las estrategias para arreglar asuntos entre compañeros. Aquel viejo lema de los sesenta, «haz el amor y no la guerra», parece invención de esta especie. Mucho se ha teorizado sobre nuestras escasas posibilidades de adaptarnos a un modelo de sexualidad como este, dada nuestra aparente tendencia a los celos, pero a ellos les funciona, sin duda. Se me ocurre que en estas comunidades se hace realidad el método de crianza que recomendaba el viejo proverbio africano: «Para educar a un niño hace falta la tribu entera». 

Adiós a los Tabúes

Esta afición por el sexo más liberal, sin tabúes culturales ni represiones, que suele creerse más propia de los machos, está instituida en una especie matriarcal y no por ello monógama. Sí, entre los bonobos mandan las hembras. Lo cual no suele ocurrir en las sociedades primates, donde los machos son muy territoriales y compiten por la jerarquía.

Como las hembras bonobo ofrecen sexo a machos de otro grupo, es posible que algunos tengan hermanos en él. La rivalidad, así, disminuye. A los besos con lengua ya he hecho referencia. También practican la cópula en todas las posiciones imaginables, incluida la humana por excelencia: cara a cara. Y la masturbación, los masajes eróticos, el cunnilingus, la fellatio o el sexo en grupo. Lo hacen todo con todos: macho con hembra, macho con macho y hembra con hembra.

Aunque el lesbianismo suele protagonizar el 60 % de los actos sexuales en la sociedad bonobo. Las bonobas tienen el clítoris fuera de la vagina, como las humanas, y no se dejan penetrar por un macho mientras este no les haya proporcionado el orgasmo acariciándoselo. 

Nosotros no somos bonobos ni nuestra sexualidad ha dejado de ajustarse a ciertas restricciones sociales, pero hemos comprobado, desde la aparición de los anticonceptivos, que el impulso sexual de los humanos no tiene la reproducción como único propósito.

Además de ofrecernos deliciosos momentos de placer, también nos proporciona una sensación de aventura, nos sirve para hacer amigos y mantenerlos, aunque también ocasione rupturas. Tampoco debemos olvidarnos de los múltiples beneficios que tiene para la salud. Y, por supuesto, siempre que tengamos la suerte de ser correspondidos, practicamos sexo cuando nos enamoramos.


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